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Descubre cómo la economía del cuidado sostiene la vida productiva, reduce la brecha de género y fortalece la economía en México.
En México, las labores de cuidado han dejado de ser vistas únicamente como una responsabilidad privada para posicionarse como un factor clave en el desarrollo económico. Durante el foro “Sin cuidados no hay economía”, realizado en el Senado de la República, especialistas coincidieron en que el cuidado debe entenderse como una infraestructura estratégica que permite el funcionamiento del mercado laboral y la competitividad del país.
El cuidado —de niñas, niños, personas adultas mayores, enfermos o personas con discapacidad— sostiene la vida productiva. Sin embargo, en México esta labor recae de manera desproporcionada en las mujeres y, en la mayoría de los casos, no es remunerada.
De acuerdo con lo expuesto en el foro, esta situación genera un impacto directo en la participación económica femenina. Mientras que 73% de los hombres participa en la economía, solo 44% de las mujeres lo hace. Esta brecha no solo refleja desigualdad, sino también una pérdida significativa de talento y productividad para el país.
Además, cuando las mujeres logran incorporarse al mercado laboral, lo hacen frecuentemente en condiciones precarias: actualmente, 54.9% trabaja en la informalidad, lo que implica falta de seguridad social, ingresos inestables y menores oportunidades de ahorro a largo plazo.
La falta de un sistema nacional de cuidados genera efectos que se acumulan a lo largo de la vida. Las interrupciones laborales, el trabajo informal y la menor experiencia profesional afectan directamente los ingresos de las mujeres.
Esto se traduce en una doble desigualdad:
Así, el problema del cuidado no solo impacta el presente económico de las mujeres, sino también su estabilidad futura.
Especialistas reunidos en el panel “La arquitectura económica de la igualdad” subrayaron que el cuidado debe reconocerse como un elemento estructural de la economía, al mismo nivel que otros sistemas como el educativo o el de salud.
La directora del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD) del IPADE Business School, Yvette Mucharraz y Cano, destacó que sin un sistema eficiente de cuidados, las mujeres enfrentan mayores barreras para desarrollarse profesionalmente, lo que limita la competitividad del país.
Durante el foro se plantearon diversas acciones para fortalecer la economía del cuidado y reducir las brechas de género:
Se propuso ampliar los horarios escolares en todos los niveles, incorporando actividades deportivas, artísticas y recreativas que contribuyan al desarrollo integral y liberen tiempo para las familias trabajadoras.
El envejecimiento poblacional exige la creación de centros de atención que cubran necesidades físicas, emocionales y sociales de este grupo.
Fomentar esquemas vecinales y familiares que permitan compartir responsabilidades y recursos de cuidado.
Impulsar la prevención de enfermedades crónicas y adicciones, así como promover estilos de vida saludables para reducir la carga futura de cuidados.
Desarrollar programas para personas que no pueden trasladarse, garantizando atención adecuada sin comprometer la estabilidad de sus cuidadores.
El sector empresarial también tiene un rol clave. Se planteó que las empresas adopten políticas laborales más equitativas, como esquemas de trabajo flexible y programas de apoyo al cuidado en distintas etapas de la vida.
Este enfoque no solo favorece a las personas trabajadoras, sino que también mejora la productividad, reduce la rotación y fortalece la retención de talento.
La discusión en torno a la economía del cuidado en México revela una realidad contundente: sin cuidados, no hay economía. Reconocer, redistribuir y profesionalizar estas labores es esencial para construir un modelo económico más inclusivo y sostenible.
Visibilizar el cuidado como una infraestructura económica no es solo una cuestión de justicia social, sino una estrategia indispensable para el crecimiento del país.